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Hacia el 3000 a.C., la agricultura y la ganadería ya se habían consolidado como sistema de subsistencia y habían colonizado la mayor parte de los ecosistemas de la Península Ibérica. A lo largo del milenio posterior, una serie de cambios trascendentales dieron como resultado unas culturas regionales fuertemente personalizadas que se convirtieron en focos de irradiación cultural.
En el valle del riu d'Alcoi la prospección sistemática nos permite reconstruir los primeros milenios de colonización agrícola. Se puede resumir diciendo que es un proceso de expansión de la población que sigue un modelo agrícola que desconoce el arado. Los poblados se sitúan junto a las tierras más productivas, cerca de los cursos de agua. La probable utilización del arado permite, hacia el 2000 a.C., la colonización del secano y el paso hacia una agricultura más extensiva.
La imagen externa de los poblados del tercer milenio a.C. estaría definida por unos fosos segmentados que marcan los límites del asentamiento o, al menos, de las estructuras de habitación en su interior. En el interior del hábitat, como se comprueba en Niuet, se constata una asociación muy frecuente: en el exterior de la vivienda, de planta incompleta, aparecen dos silos y un horno doméstico, la mayoría de las actividades domésticas se realizarían en la calle, junto al horno.
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