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Durante la Época romana nuestras comarcas constituyeron un espacio rural en la
periferia de las principales ciudades que se ubicaban preferentemente en el ámbito costero, como
Dianium (Denia) o Lucentum (Alicante) o junto a las vías de
comunicación principales, como Saitabis (Xàtiva). Este territorio se
caracterizó por la implantación de algunos asentamientos de carácter rural,
las denominadas villae, que se desarrollarán principalmente entre los s. II
y IV d.C. Entre estas villas destaca la localizada en
L'Horta Major (Alcoy), de la que se conoce principalmente su necrópolis.
En este cementerio aparecieron
inhumaciones en tegulae
en las que se acompañó el cuerpo enterrado con
cerámicas
y otros objetos de mayor valor como ornamentos personales o un delicado
vaso de vidrio.
Prueba de la percepción de estas comarcas como un espacio rural, y en buena parte
escasamente colonizado, por parte del poblador romano pueden ser las representaciones
de algunos genios del bosque como el aplique de bronce de
Silenus.
A partir del s. IV se hará patente la desintegración del mundo romano a partir
de las transformaciones del sistema de poblamiento, con el abandono de las villas
y la ocupación de hábitat en las alturas de los montes, en busca de lugares de
refugio.
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